
El Gobierno de Venezuela manifestó este sábado su rechazo “categórico” a la renovación por un año de la emergencia nacional decretada por Estados Unidos en 2015. Dicha medida, originalmente dictada por Barack Obama y prorrogada el pasado miércoles por Donald Trump, califica la situación del país suramericano como una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional estadounidense.
A través de un comunicado difundido por el canciller Yván Gil, el Ejecutivo venezolano denunció que este instrumento carece de base objetiva y solo sirve para sostener “narrativas de confrontación”. El texto exhorta a la administración Trump a abandonar los argumentos alejados del derecho internacional y avanzar hacia una etapa de diálogo y respeto recíproco.
Contraste diplomático y acuerdos energéticos
Resulta paradójico que la renovación del decreto 13692 ocurra en el momento de mayor acercamiento entre Caracas y Washington en años:
- Relaciones fluidas: El Gobierno encargado de Delcy Rodríguez mantiene contactos directos para restablecer plenamente los lazos diplomáticos rotos desde 2019.
- Presencia de alto nivel: Caracas ha recibido a figuras como Laura Dogu (encargada de negocios) y Chris Wright (secretario de Energía), con quien se firmó un acuerdo petrolero a largo plazo.
- Seguridad regional: El reciente acuerdo con el jefe del Comando Sur, Francis Donovan, para combatir el narcotráfico, contradice la premisa de que Venezuela representa una amenaza para EE. UU.
A pesar de la retórica punitiva del decreto, la realidad en el terreno muestra una cooperación pragmática impulsada por la necesidad de revitalizar la industria petrolera bajo la supervisión de la Casa Blanca.
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