
Gaza, 30 de diciembre de 2025 – En un nuevo desafío directo a las presiones internacionales y al plan de paz impulsado por Estados Unidos, el brazo armado de Hamás, las Brigadas Ezzedine al-Qassam, ha reafirmado que no entregará sus armas “mientras persista la ocupación israelí”.
Para Hamas, todo Israel se llama Palestina, y está ocupada por los judíos. De manera que esta declaración de implicaría que no entregará las armas mientras exista Israel y existan judíos en el territorio.
La declaración, emitida este lunes por un nuevo portavoz que adopta el nombre de guerra “Abu Obeida” –en honor al anterior, cuya muerte fue confirmada en el mismo comunicado–, llega en un momento de alta tensión diplomática, justo antes y durante la reunión entre el presidente estadounidense Donald Trump y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
“Nuestro pueblo se defiende y no renunciará a sus armas mientras persista la ocupación. No se rendirá, ni siquiera si tiene que luchar con uñas y dientes”, declaró el portavoz en un video difundido por el grupo. Además, instó a las partes involucradas en el alto el fuego a enfocarse en “desarmar las armas letales de la ocupación” israelí, en lugar de preocuparse por las “armas ligeras de los palestinos”.
Esta posición choca frontalmente con uno de los pilares del acuerdo de cese al fuego vigente desde octubre de 2025, que prevé en su segunda fase el desarme completo de Hamás, su alejamiento del gobierno de Gaza y el despliegue de una fuerza internacional para garantizar la estabilidad. Fuentes cercanas a las negociaciones indican que Hamás ha propuesto alternativas como el “almacenamiento” o “congelamiento” temporal de armas pesadas, pero rechaza cualquier entrega total sin garantías de retirada israelí completa y avances hacia un Estado palestino soberano.
Contexto del conflicto y el alto el fuego
El conflicto entre Israel y Hamás, que escaló dramáticamente tras los ataques del 7 de octubre de 2023, ha dejado miles de muertos y una Gaza devastada. El plan de paz de Trump, aceptado parcialmente por ambas partes en octubre, ha permitido una tregua frágil: Israel ha retirado tropas de partes del enclave, mientras Hamás ha devuelto rehenes vivos y cuerpos de fallecidos. Sin embargo, la segunda fase –que incluye desmilitarización y gobernanza transitoria– se ha estancado precisamente por el tema del armamento.
Israel insiste en que el desarme de Hamás es “innegociable” para cualquier arreglo futuro, argumentando que el grupo mantiene capacidades para ataques incluso tras dos años de ofensiva militar. Por su parte, Hamás justifica su resistencia armada como un “derecho inherente” ante la ocupación, y ha confirmado en esta declaración las muertes de líderes clave, como Mohammed Sinwar (hermano de Yahya Sinwar) y el histórico portavoz Abu Obeida, eliminados en bombardeos israelíes.
Reacciones internacionales
El presidente Trump, tras reunirse con Netanyahu en Florida, advirtió que Hamás enfrentará “el infierno” si no cumple con el desarme acordado. “Si no se desarman como prometieron, habrá un precio muy alto que pagar”, declaró Trump, enfatizando su apoyo total a Israel. Fuentes israelíes indican que Netanyahu planteó en la reunión la necesidad de avanzar hacia una Gaza “desmilitarizada”.
Desde el lado palestino y mediadores árabes (como Qatar y Egipto), se critica la presión unilateral sobre Hamás sin abordar la retirada israelí o el fin del bloqueo. Analistas señalan que esta postura de Hamás busca mantener su influencia en Gaza y presionar por concesiones mayores, aunque debilita las perspectivas de una paz duradera.
Perspectivas futuras
Con el alto el fuego en vigor, pero violado en ocasiones por ambas partes, el rechazo de Hamás al desarme total pone en riesgo la transición a una gobernanza no militar en Gaza. Mientras Israel y EE.UU. ven el armamento del grupo como una amenaza existencial, Hamás lo presenta como herramienta de defensa legítima. La comunidad internacional observa con preocupación, temiendo una reanudación del conflicto si no se resuelven estas discrepancias en las próximas negociaciones.
Este desafío de Hamás no solo reitera su línea dura, sino que pone a prueba la voluntad de las potencias mediadoras para imponer un equilibrio que satisfaga a todas las partes en un conflicto que parece lejos de resolverse.



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