
Tegucigalpa, Honduras.– 25 de diciembre de 2025.- El Consejo Nacional Electoral (CNE) de Honduras proclamó este miércoles 24 de diciembre a Nasry “Tito” Asfura, candidato del conservador Partido Nacional, como presidente electo para el período 2026-2030, tras concluir un prolongado y controvertido escrutinio especial de las elecciones generales celebradas el 30 de noviembre.
Con el 99,92% de las actas escrutadas, Asfura obtuvo el 40,27% de los votos (aproximadamente 1.479.822 sufragios), superando por un margen estrecho al candidato del Partido Liberal, Salvador Nasralla, quien alcanzó el 39,53%. La candidata del partido gobernante Libertad y Refundación (Libre), Rixi Moncada, quedó en tercer lugar con cerca del 19% de los votos.
En un mensaje publicado en la red social X tras la declaratoria, Asfura expresó: “Honduras: estoy preparado para gobernar. No les voy a fallar. ¡Dios Bendiga Honduras!”. El presidente electo asumirá el cargo el 27 de enero de 2026, sucediendo a la actual mandataria Xiomara Castro.
Reconocimiento internacional inmediato
La proclamación ha sido rápidamente respaldada por la comunidad internacional. El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, felicitó a Asfura por su “clara victoria electoral” y expresó el deseo de Washington de fortalecer la cooperación bilateral en temas como seguridad, migración ilegal y lazos económicos. “Urgimos a todas las partes a respetar los resultados confirmados para una transición pacífica”, señaló el Departamento de Estado.
La Unión Europea también extendió sus felicitaciones al presidente electo, destacando la alta participación ciudadana y el monitoreo de observadores internacionales, incluida su propia misión electoral. Otros líderes regionales y organismos como la Organización de Estados Americanos (OEA) han reconocido el proceso, aunque han criticado la lentitud del conteo.
La crisis en el conteo de votos: un proceso marcado por tensiones
Las elecciones del 30 de noviembre se desarrollaron con una participación superior al 50% del padrón electoral, pero el escrutinio posterior generó una profunda crisis de incertidumbre que mantuvo al país en vilo por más de tres semanas.
Desde el inicio, el proceso enfrentó problemas técnicos graves: el sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP) sufrió interrupciones y paralizaciones, atribuídas por el CNE a “mantenimiento no autorizado” por parte de la empresa encargada. Esto provocó que la divulgación de resultados se detuviera en varias ocasiones, alimentando acusaciones de manipulación.
La contienda fue extremadamente ajustada, con alternancias en el liderazgo entre Asfura y Nasralla, y diferencias de apenas cientos de votos en momentos clave. Se identificaron inconsistencias en cerca de 2.792 actas (alrededor del 15% del total), lo que obligó a un escrutinio especial iniciado el 18 de diciembre. Este recuento avanzó con lentitud, denuncias cruzadas de irregularidades y protestas en las calles.
Salvador Nasralla rechazó la declaratoria oficial, alegando que no refleja la “voluntad popular” y que se excluyeron actas que debían contarse. Aunque llamó a la calma y descartó convocar manifestaciones violentas, anunció posibles impugnaciones. Por su parte, sectores oficialistas de Libre denunciaron un supuesto “golpe electoral”.
Observadores internacionales, como la OEA y la UE, concluyeron que no hay evidencia creíble de fraude generalizado, pero criticaron la falta de transparencia y la demora, que erosionó la confianza pública.
El respaldo público del presidente estadounidense Donald Trump a Asfura durante la campaña –incluyendo amenazas de suspender ayuda si no ganaba– añadió controversia, siendo calificado por opositores como injerencia extranjera.
Un giro político en la región
La victoria de Asfura representa un revés para el oficialismo progresista de Libre y consolida un giro hacia la derecha en América Latina, siguiendo triunfos conservadores recientes en países como Chile y El Salvador. Analistas destacan que el nuevo gobierno enfrentará desafíos como la reducción de la violencia, la corrupción y la migración, en un contexto de polarización interna.
Con la proclamación oficial y el creciente reconocimiento internacional, Honduras inicia el camino hacia una transición que, pese a las tensiones, busca garantizar la estabilidad democrática.



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