Paquistán - Afganistán

Conflicto en la frontera: ¿Por qué Pakistán y Afganistán se enfrentan militarmente en 2025?

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Kabul/Islamabad, 16 de octubre de 2025 – La frontera entre Pakistán y Afganistán, conocida como la Línea Durand, ha sido un polvorín durante décadas. Pero en las últimas semanas, lo que empezó como tensiones latentes ha estallado en una escalada militar sin precedentes desde el regreso de los talibanes al poder en 2021. Ataques aéreos, drones y artillería han dejado decenas de muertos, incluyendo civiles, y han forzado un frágil alto el fuego de 48 horas acordado este miércoles. ¿Cómo llegamos aquí? A continuación, desglosamos las causas profundas, el camino de la escalada y el panorama actual, en un conflicto que amenaza con desestabilizar el Sur de Asia.

Las raíces históricas: De aliados a adversarios, con el fantasma de la Línea Durand

El conflicto actual no surge de la nada; es el legado de un siglo de disputas territoriales y geopolítica compleja. La Línea Durand, trazada en 1893 por el imperio británico, divide a las etnias pastunes entre Pakistán y Afganistán, pero Kabul nunca la ha reconocido como frontera legítima, considerándola una “imposición colonial” que fragmenta a su pueblo. Esta división ha alimentado reclamos irredentistas afganos y ha servido de refugio para insurgentes en ambos lados.

Pakistán, por su parte, apoyó encubiertamente a los talibanes afganos en los años 90 para contrarrestar la influencia india en Kabul y asegurar un “profundo Estado estratégico” en Afganistán. Sin embargo, el monstruo que ayudó a crear se volvió en su contra. En 2007, surgió el Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), o “talibanes paquistaníes”, un grupo radical inspirado en Al Qaeda y los talibanes afganos, que busca imponer un islamismo estricto en las provincias paquistaníes de Khyber Pakhtunkhwa y Baluchistán. El TTP ha matado miles en Pakistán, con atentados en mercados, mezquitas y bases militares.

La invasión soviética de Afganistán (1979-1989) y la guerra contra el terror post-11S complicaron todo: Pakistán se alió con EE.UU. contra los talibanes, pero permitió que militantes cruzaran la frontera “porosa”. Hoy, Islamabad acusa a los talibanes de dar santuario al TTP en suelo afgano, mientras Kabul denuncia incursiones paquistaníes y la deportación masiva de afganos (casi un millón desde 2023). En esencia, el conflicto es una guerra por proxy: Pakistán ve a Afganistán como base de terroristas; los talibanes, a Pakistán como violador de soberanía.

La escalada: De choques aislados a guerra abierta en 2024-2025

Las tensiones se recrudecieron tras la toma de Kabul por los talibanes en agosto de 2021. El TTP, debilitado en los 2010 por operaciones paquistaníes, resurgió con fuerza: sus ataques contra fuerzas de seguridad paquistaníes pasaron de cientos en 2021 a más de 600 en 2024, según el Armed Conflict Location & Event Data Project (ACLED). Equipados con drones y visores nocturnos abandonados por EE.UU., los militantes operan desde supuestos santuarios en Khost, Paktika y Kunar.

La escalada militar directa comenzó en 2022 con los primeros bombardeos paquistaníes en Afganistán contra el TTP. En marzo de 2024, un ataque suicida del TTP mató a siete soldados paquistaníes, provocando represalias aéreas que causaron 40 muertes civiles en Khost y Paktika. En diciembre de 2024, nuevos strikes paquistaníes en Paktika marcaron la tercera ronda en dos años.

El punto de inflexión llegó en octubre de 2025

El 9 de octubre, una explosión en Kabul –atribuida por los talibanes a un ataque aéreo paquistaní contra el líder del TTP, Noor Wali Mehsud– desató la furia. Islamabad lo negó, pero el 10 de octubre lanzó strikes “de precisión” en Kabul y Kandahar contra campamentos talibanes y del TTP. Los talibanes respondieron con drones y artillería contra puestos paquistaníes en Spin Boldak y Torkham, capturando temporalmente tres posiciones y reportando 58 soldados paquistaníes muertos.

El 11-12 de octubre, los choques se extendieron a Khyber Pakhtunkhwa y la Línea Durand, con fuego cruzado que mató a 23 soldados paquistaníes y cientos de talibanes, según Islamabad. Pakistán cerró cruces fronterizos clave, paralizando el comercio afgano, mientras los talibanes desplegaban fuerzas especiales. Factores agravantes: la visita del ministro talibán Amir Khan Muttaqi a India (10-17 de octubre), vista por Pakistán como provocación, y el resurgir del TTP con ataques que en los primeros nueve meses de 2025 igualaron el total de 2024.

La situación actual: Un alto el fuego frágil en medio de la incertidumbre

Hoy, 16 de octubre, el alto el fuego de 48 horas –mediado por Qatar, Arabia Saudita, China y Rusia– mantiene una calma tensa.

Anunciado el 15 de octubre, cubre desde Spin Boldak hasta Bajaur, pero el ministro paquistaní de Defensa, Khawaja Asif, lo califica de “débil” y advierte que no durará sin resolver el santuario del TTP. La ONU reporta al menos 18 civiles muertos, incluyendo mujeres y niños, y miles desplazados.

Los pasos fronterizos como Torkham permanecen cerrados, afectando la economía afgana dependiente del comercio con Pakistán. En X, analistas y testigos hablan de “escalada peligrosa” con drones talibanes golpeando Quetta y MLRS paquistaníes amenazando Kabul. Pakistán, con superioridad aérea (JF-17 y aliados como EE.UU.), evita una guerra total, pero los talibanes –con equipo heredado de la OTAN– prometen

Expertos como Ibraheem Bahiss del International Crisis Group coinciden: ambos quieren de-escalar, priorizando estabilidad interna, pero el TTP y disputas como las deportaciones podrían reavivar las llamas. EE.UU., bajo Trump, ofrece mediar, evocando su rol en Oriente Medio.

¿Hacia la paz o el abismo? Un llamado a la diplomacia

Este conflicto no solo amenaza vidas; podría desestabilizar Asia Central, afectando rutas comerciales chinas y refugios para millones. Mientras el alto el fuego pende de un hilo, la clave está en el diálogo: reconocer soberanías, extraditar militantes y reabrir fronteras. De aliados contra la URSS a enemigos por el TTP, Pakistán y Afganistán comparten sangre pastún y un destino entrelazado. Solo la “sabiduría y el diálogo”, como urge Arabia Saudita, puede evitar que la Línea Durand se convierta en línea roja. El mundo observa: ¿se convertirá en la próxima guerra regional, o en lección de coexistencia?

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