
El senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, del Centro Democrático, yace en estado crítico tras un ataque el 7 de junio en Bogotá. Dos disparos en la cabeza y uno en la pierna lo dejaron al borde de la muerte. La Fundación Santa Fe reporta un edema cerebral y sangrado intracerebral tras dos cirugías de emergencia. La verdad es que su pronóstico es sombrío. El país está en vilo. Miles marcharon el domingo en la “Marcha del silencio”, exigiendo un freno a la violencia que azota la política colombiana. Y es que este ataque no es solo un golpe a Uribe, sino a la democracia misma.
Crisis tras el atentado
El 7 de junio, mientras Uribe hablaba en un parque de Modelia, un menor de 15 años abrió fuego con una pistola Glock. Las autoridades capturaron al joven pistolero y a dos cómplices: Carlos Eduardo Mora y Katerine Andrea Martínez. La investigación apunta a una planificación meticulosa. Además, el sangrado cerebral forzó una segunda cirugía el lunes, pero el edema persiste. La clínica lucha por estabilizarlo, bajo monitoreo constante. La indignación crece: ¿quién está detrás de este ataque?
Violencia que no cesa
La política colombiana es un campo minado. El atentado contra Uribe, de 39 años, recuerda los días oscuros de la violencia contra líderes. La “Marcha del silencio” unió a Bogotá y 20 ciudades en un clamor por paz. Pero las preguntas persisten. ¿Por qué un menor disparó? ¿Quién orquestó esto? La verdad es que la democracia está herida. Como un río desbordado, la violencia amenaza con arrastrar la esperanza. Colombia exige justicia y protección para sus líderes.
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