(Opinión) 21N la derrota necesaria. Por Américo De Grazia

Américo De Grazia

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Caracas, 03 de diciembre de 2021
“¿Quién encerró los vientos en sus puños? ¿Quién ató las aguas en un paño?” Proverbios 30:4
@AmericoDeGrazia

En toda batalla, la infantería es quien sufre las primeras bajas, pues su propósito, es allanar el camino para la victoria o el interés superior. Se suele decir, que las victorias tienen muchos padres, mientras las derrotas, son huérfanas. Ese no es mi caso; permítanme hablar en primera persona, para no generar dudas sospechosas, e intención alguna en librarme de responsabilidad, hablando en plural. En el preámbulo que antecedió el 21N fue mi militancia necia en la “abstención”, tanto en la presidenciales del 2018 como en las parlamentarias del 2020, porque la clase política de la que formaba parte, no supo o no quiso, anticipar eventos para construir escenarios. Ese, es el origen de mi disrupción con el club de la inercia, con los comodines de turno, con los inoculadores de la desesperanza inducida -que nos condujo a tener una diáspora en espiral de crecimiento constante- y los militantes de la nostalgia. Del mismo modo, corté con todos los mantras mágicos y tóxicos que orbitaron y orbitan en el escenario, con fines inconfesables. Ninguno de ellos tiene tren de aterrizaje, ni GPS, todos delegan en terceros su ejecución y lo más grave, excluyen al ciudadano de compromiso o protagonismo alguno.

Los males originarios van más allá del madurismo criminal, residen en la naturaleza de nuestra oposición; allí, identifiqué en los tres bloques “opositores” el mismo virus purulento y metastásico; todos son hegemónicos, excluyentes y vetadores. Se sienten ungidos, para reservarse el derecho de admisión. Hablan de “unidad”, de “mayoría” y de “alianza”, pero les dan pánico unas primarias; prefieren el cómodo reparto cogollérico. Por eso hablé el 19 de abril del corriente, sobre lo necesario de abrir nuevamente la ruta electoral, pacífica, constitucional y democrática, sin excluidos, sin vetados, sin inhabilitados, a propósito de unir, desafiar, movilizar y organizar al pueblo. Dije que hiciéramos a un lado el “eventismo” y convirtiéramos el músculo electoral de los partidos en una fuerza social activa alrededor de los 14 mil centros electorales del país; para ser capaces de acompañar al venezolano en su tragedia de hambre, sed, en salud, educación, transporte, gas, gasolina, en fin, en todas las necesidades básicas no cubiertas, con protestas y propuestas. Pero fundamentalmente con capacidad de movilización organizada de ciudadanos.

Igualmente, este 21N allanó el camino a verdades irrefutables. Se solía decir que sin el voto de la diáspora no éramos mayoría; pues, los números dicen lo contrario. Alienaron las redes sociales con la errónea idea, “dictadura no sale con votos”, pero no pueden rebatir los sólidos hechos históricos de Polonia, Sudáfrica y Chile. Los comodines que hipotecaron su discurso por algunas regalías, hablaron de la inutilidad de las gobernaciones para destronar tiranías; pero no supieron responder nunca a cómo hizo un sindicato clandestino para desbancar a la dictadura comunista polaca. Hoy tenemos 127 alcaldes y 3 gobernadores, con legitimidad de origen y de ejercicio. Sin necesidad de responder como duquesas ofendidas, ante la presión de Maduro.

Desafiamos las mafias enquistadas en Guayana, proponiendo el cambio de modelo. De abajo hacia arriba, descentralización, estado promotor, civilismo, institucionalidad, trabajo decente, territorio ecológico y enfoques distintos a cómo abordar la realidad del país. No cedimos ante las exigencias de los colaboracionistas de retirar la narrativa de regionales plebiscitarias, ni un voto para Maduro, referéndum revocatorio y la hostilidad criminal del arco minero al sur del Orinoco. Siempre dije, que no hago política para ser candidato, termino siendo candidato porque hago política. Todo lo que íbamos construyendo y organizando por municipio y por parroquia, nos lo iban desarticulando con dividendos del oro de sangre. ¡Les sobraron comodines opositores para tan ardua tarea! Admito que previa a la derrota electoral, me derrotaron políticamente; ¡pero las ideas políticas están incólume! ¡Pudieron matar al mensajero, más no el mensaje!

Quiero agradecer a Dios, a mis seres queridos, a mis amigos, a quienes desinteresadamente me acompañaron en este proceso, a los partidos que me respaldaron, a mis compañeros de fórmula y a mi partido Ecológico, por la confianza y el empeño. Nos quedó un saldo organizativo popular que lo ponemos al servicio del objetivo superior. El juego no se termina, hasta que se acaba. Derrotados están quienes dejan de luchar y ese, ¡no es mi caso!

Todo lo que dije durante la campaña tenía la obligación de decirlo. Sin embargo estoy dispuesto a seguir contribuyendo a la unidad de los venezolanos y, estoy dispuesto a reunirme con mis enemigos, adversarios o agresores; a propósito del interés superior, desalojar a Maduro del poder, con votos; hasta liberar a Venezuela. Mantengo mis diferencias personales, políticas y éticas. Pero la libertad de la nación, bien vale la pena. Como decía José Marti,
“cultivó una rosa blanca
en junio como en enero
para el amigo sincero
que da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca”.

*Punto de Corte no se hace responsable de las opiniones expresadas por sus autores, quedando entendido que son responsabilidad de sus autores

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